No tuvo el final que tal vez deseaba, pero Luis Ingolotti vivió contra Rosario Central un pequeño momento de redención. En una temporada complicada en lo personal -donde le tocó sufrir el rigor de goles casi por cada remate que recibía-, el arquero sentía una deuda interna con el hincha de Atlético Tucumán. Y frente al “Canalla”, por segunda vez consecutiva, firmó una actuación que, pese a la derrota, le brinda un colchón de confianza y seguridad vital para lo que resta del certamen.
La secuencia en Arroyito fue elocuente. Un penal infantil de Javier Domínguez al comienzo del encuentro, convalidado a posteriori vía VAR, le entregaba en bandeja a Alejo Véliz la posibilidad de abrir el marcador prematuramente. La fe del pueblo “decano” en las redes sociales era poca, pero el arquero no iba a bajar los brazos. O mejor dicho, los iba a estirar al máximo: con una intuición notable, se lanzó hacia su palo derecho y detuvo con agilidad el impacto del delantero.
Sin embargo, la jugada no acabó ahí. Lejos de la autocomplacencia, Ingolotti nunca le sacó la mirada a la pelota. Por el contrario, mostró una rapidez de piernas que no se le había visto en partidos anteriores; se levantó instantáneamente para buscar el rebote y achicarle el ángulo a Jaminton Campaz. Cuando el peligro se disipó, llegó el desahogo: el ex Gimnasia se llenó el pecho con un grito ensordecedor que casi se escuchó en Tucumán. Fue una suerte de descargo por su primera intervención de peso real desde que viste el buzo del “Decano”
“No sé si fue un desahogo, pero sí un poco de tranquilidad. Venía trabajando y no venía teniendo esa suerte que esta vez sí tuve. Pero también estoy triste porque no sirvió para poder empatar, aunque sea, o ganar”, confesó el arquero tras el encuentro, dejando en claro que lo individual nunca está por encima de la urgencia de puntos del equipo.
Además, reveló el secreto detrás de su estirada. “No teníamos tanto estudio de cómo iba a patear Alejo. Sentí que podía patear cruzado, me lo jugué y gracias a Dios salió”, contó.
El respaldo del DT
Aunque la historia no terminó con el resultado deseado, el momento de Ingolotti funcionó como un mensaje de señales positivas para Julio César Falcioni. El “Emperador”, a pesar de la presión generalizada y los murmullos en las tribunas que pedían un cambio de nombres bajo los tres palos, decidió sostenerlo contra viento y marea.
“No lo vi con responsabilidad en los goles anteriores. Hay que estar muy seguro para cambiar de arquero. Lo vi trabajar mucho en la semana y hablar, que es lo que yo necesito”, había expresado el entrenador hace unos días.
Hoy, el marplatense parece devolverle ese voto de confianza con rendimientos. Ya venía de una actuación sólida en la victoria 1-0 frente a Gimnasia en el Monumental, con una tapada clave en la agonía del partido, pero lo del sábado en Rosario fue su pico de rendimiento en el Apertura: según los datos de SofaScore (una página dedicada a la recopilación de estadísticas deportivas), alcanzó las seis atajadas, su mejor registro hasta la fecha.
La racha que duele
A pesar de su crecimiento individual, Ingolotti no esquiva el bulto cuando se trata de analizar la alarmante irregularidad del equipo fuera de la provincia. “La verdad que duele mucho. Uno trata siempre de salir a ganar y que no se den esos resultados favorables nos duele. Seguimos trabajando para cambiar esa racha mala que viene teniendo el club en general”, aseguró con autocrítica.
Para el arquero, la clave está en el factor psicológico y en el tiempo de maduración del partido. “Es un aspecto a mejorar, nos tenemos que soltar antes. Cuando nos soltamos, lastimamos. Se vio un muy buen trabajo en líneas generales, pero nos faltó dar un poquito más de tranquilidad en las situaciones que tuvimos y mejorar en las que nos atacaron”, profundizó.
Sostener la confianza
En el fútbol, la confianza es un cristal delicado: se rompe con un error y tarda meses en reconstruirse. Ingolotti parece haber pegado las piezas justo a tiempo. En un Atlético que busca desesperadamente referentes y seguridades, que el arquero empiece a ganar sus propios partidos -o al menos a sostenerlos cuando las papas queman- es la mejor noticia para Falcioni.
Así, la derrota en Arroyito estiró esa ya famosa racha negativa como visitante, pero también arrojó señales positivas desde las cuales el equipo debe seguir construyendo y fortaleciendo su identidad. No tan sólo desde el juego y la actitud, donde el “Decano” pareció mostrar una importante mejoría, sino también en el arco, ese lugar en la cancha que tantas dudas había generado en este campeonato.
Ahora, la noticia que el “Emperador” deseará confirmar este domingo frente a Tigre es clara. La de haber recuperado algo fundamental para cualquier equipo que pretenda salir del pozo: un guardián que, finalmente, empezó a hablar con sus manos. Ahora, el desafío será que ese grito de desahogo en Arroyito se transforme en el cimiento de una defensa que de mayores garantías y que contribuya a que el “Decano” empiece a sumar puntos valiosos en este cierre del torneo Apertura.